lunes, 5 de enero de 2026

Capítulo 2: La Exploración Prohibida

Regresó a la cama, incapaz de resistir más. Se tumbó boca arriba, las sábanas frescas rozando su piel sensible y provocándole otro estremecimiento. Sus manos, temblorosas al principio, volvieron a los pechos. Los apretó suavemente, masajeándolos en círculos, sintiendo cómo los pezones se ponían duros como piedrecitas. Cada caricia era una descarga eléctrica que viajaba directo a su centro.

Bajó una mano por el vientre plano, deteniéndose en el ombligo, luego más abajo. Al llegar a la suavidad depilada entre sus piernas, jadeó. Estaba húmeda, muy húmeda. Los pliegues eran suaves, calientes, y al primer roce del dedo medio, sus caderas se alzaron solas. Empezó despacio, explorando cada rincón: el clítoris hinchado y sensible, los labios mayores, la entrada que palpitaba de deseo.

Un dedo se deslizó dentro con facilidad, luego dos. El placer fue abrumador, mucho más intenso de lo que jamás había sentido como hombre. Movió los dedos en un ritmo lento al principio, luego más rápido, mientras la otra mano seguía jugando con un pezón. Los gemidos llenaban la habitación: suaves al inicio, luego más fuertes, incontrolables. Su espalda se arqueaba, las piernas se abrían más, buscando más contacto.

Llegó al primer orgasmo con un grito ahogado, el cuerpo convulsionando, los músculos internos apretando sus dedos con fuerza. Pero no fue suficiente. El deseo no disminuyó; al contrario, se intensificó. Sacó los dedos, los llevó a la boca instintivamente, probando su propio sabor dulce y salado. Eso la excitó aún más.

Volvió a empezar, esta vez con más urgencia. Usó la palma para presionar el clítoris mientras los dedos entraban y salían. Otro orgasmo, más fuerte. Luego otro. Perdió la noción del tiempo. Se masturbó sin parar durante horas: en la cama, de lado, boca abajo frotándose contra la almohada, de rodillas con la mano atrás. El sudor cubría su cuerpo, el cabello se pegaba a la frente y al cuello, las sábanas estaban empapadas. Cada clímax la dejaba temblando, pero la necesidad volvía inmediatamente, más fuerte, más profunda.

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